El día de hoy nos enteramos por la prensa (Diario el País), del proceso que se le está llevando a cabo a uno de los jueces más respetados y de mayor autoridad moral en España por el delito de "prevaricación". De inmediato que supimos de esta situación, acudimos al diccionario para saber que es lo que significa gramaticalmente este delito. Encontramos lo siguiente: delito consistente en dictar a sabiendas una resolución injusta una autoridad, un juez o un funcionario. Posteriormente acudimos al Código Penal Español, que en su artículo 404 dice: "a la autoridad o funcionario público que, a sabiendas de su injusticia, dictare una resolución arbitraria en un asunto administrativo se le castigará con la pena de inhabilitación especial para empleo o cargo público por tiempo de siete a diez años".jueves, 8 de abril de 2010
La injusticia ¿también es derecho?
El día de hoy nos enteramos por la prensa (Diario el País), del proceso que se le está llevando a cabo a uno de los jueces más respetados y de mayor autoridad moral en España por el delito de "prevaricación". De inmediato que supimos de esta situación, acudimos al diccionario para saber que es lo que significa gramaticalmente este delito. Encontramos lo siguiente: delito consistente en dictar a sabiendas una resolución injusta una autoridad, un juez o un funcionario. Posteriormente acudimos al Código Penal Español, que en su artículo 404 dice: "a la autoridad o funcionario público que, a sabiendas de su injusticia, dictare una resolución arbitraria en un asunto administrativo se le castigará con la pena de inhabilitación especial para empleo o cargo público por tiempo de siete a diez años".viernes, 2 de abril de 2010
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domingo, 28 de marzo de 2010
México enfermo (Segunda Parte) (réplica a Joaquín González)
Hace unas semanas escribí unas líneas en relación con mi forma de percibir la realidad que actualmente vive el estado de Nuevo León (México), así como la manera en que los jóvenes y la sociedad en general han respondido a una de las más agudas crisis en la historia de este país. Recibí una crítica bien fundada de uno de los colaboradores y amigos del Aula sobre el desacuerdo en las soluciones propuestas por un servidor en aquella ocasión. Mi propuesta ante la falta de acción y ausencia de valores en la sociedad contemporánea, definida por el que ahora escribe como "la generación muerta", consistía básicamente en el impulso de una profunda transformación cultural, radicada en el consenso de los derechos fundamentales. Al respecto, en la réplica a esta entrada, Joaquín tildaba a los derechos fundamentales (según entendí) como: "una cosa llena de abstracciones jurídicas y filosóficas", advirtiendo además que: "la verdadera naturaleza del derecho es la del poder, la fuerza y la violencia", a lo anterior agregaba: "El respeto a los derechos fundamentales no puede curar el mal radical inserto en el mundo, en cada uno de nosotros. El respeto no puede descodificar y recodificar el flujo capitalista. Los propios derechos fundamentales están territorializados por el capitalismo".En este sentido, no veo de que otra forma pudieran protegerse (legal y legítimamente) los derechos y bienes de los individuos ante la realidad a la que tanto hace alusión Joaquín, pues la solución más legítima creo que es la legal. Ahora bien, creo que lo que sí resulta complicado en estos tiempos es identificar ante quien estamos defendiendo o resultan reclamables nuestros derechos fundamentales, ya que las estructuras delictivas y corporaciones económicas han resultado ser más poderosas que el mismo gobierno, de tal manera que actualmente las violaciones más graves a los derechos fundamentales no provienen directamente del ámbito público, sino de los mismos particulares que salen de la esfera legal para desestabilizar las mismas instituciones o para gozar de la ausencia de control normativo que regule sus actividades.
Hace poco me decía un amigo, "tus derechos están en crisis, porque no hay quien los defienda ante el poder irrefrenable del crimen organizado, la solución está en el uso de la fuerza del Estado, a costa de lo que sea". Apruebo la primera afirmación, ya que ante las circunstancias actuales creo que los derechos sí se encuentran en crisis, pero con lo que no coincido plenamente es con la solución propuesta de imponer por la fuerza indiscriminada el orden y la seguridad públicas. Tal y como les digo a mis alumnos del Aula Real, imagínense que se encuentran jugando un partido de futbol, ustedes pertenecen al equipo de gente hábil y agil que se encuentra en excelentes condiciones físicas para driblar al contrario, ante su ustedes se encuentran sus contrarios, un equipo de gente robusta y fuerte, que acude diariamente al gimnasio, pero que no entrena asiduamente tal y como ustedes lo hacen, por tanto, carece de las habilidades que se requieren para ser un buen futbolista. Se celebra el partido y ustedes comienzan a meter los primeros goles, ya que gozan de excelente habilidad para el juego, ante unos rivales bastante malos, pero muy fuertes. Ante ello, sus rivales se ven desconcertados y comienzan a agarrarlos a patadas y a detenerlos con empujones y a meter el cuerpo indiscriminadamente. Viendo esta situación el árbitro decide no sancionar a los grandulones, debido a que entiende que existe en el juego una falta de equidad, pues ustedes son más hábiles, pero su equipo contrario adolece de la excelente habilidad y capacidad física que ustedes sí tienen, situación que ellos compensarían con su fuerza física. Entonces, para el segundo tiempo, ante la golpiza que recibieron de los más fuertes, deciden armarse de palos y navajas para compensar la situación. Para el final del partido los dos equipos terminan matándose los unos a los otros, ante el asentimiento del árbitro del partido quien ha consentido toda clase de actitudes tendientes a equilibrar las situaciones, debido a las debilidades presentadas en cada uno de los bandos. En esta lucha contra la ilegalidad, siempre nos encontraremos ante jugadores más fuertes física, política o económicamente, pero al árbitro del juego no le está permitido responder con ilegalidad, o al menos, creo que es uno de los principios dentro del contractualismo contemporáneo, sino manejar las situaciones con habilidad, astucia y profesionalismo, y si no es capaz de hacerlo, retirarse y dejar que alguien más actúe.
lunes, 22 de marzo de 2010
El mundo está enfermo, le duele México
Esta mañana discutía un poco con los alumnos del Aula Real de Derechos Fundamentales que coordina un servidor. Les decía, más bien, les acusaba, (a ellos): ustedes son la "generación muerta", son el mismo nihilismo pasivo que predecía Nietszche, son hijos de la comodidad y de las pasiones terrenales, del conformismo y de la hecatombe final que derretirá nuestra fragil y desatendida estructura social que hoy desmorona las instituciones de este país; paradójicamente, son hijos nacidos de la democracia, pero ya no pelean por ella; nacieron en la libertad, pero siguen esclavizados a través de las estructuras modernas de cadenas mercantiles y sociales; son hijos de la posmodernidad, del amor líquido y del egoísmo exacerbado, amantes de la indiferencia y seductores del uso de la tecnología para placeres bizarros y supérfluos; dicen estar "conectados" al mundo, pero el mismo mundo les es indiferente, odian saber de él, y más cuando trae malas nuevas; navegan en la irrealidad y en la fantasía, les encanta mitigar el estres en alguna borrachera que los conduzca a ninguna parte; observan a la sociedad (si es que observan) y se tapan los oídos para no escuchar los gritos de lamento, oyen lamentos y ciegan su vista para no conocer quien será la nueva víctima del capitalismo salvaje y la política de mercado cosificadora.
Afortunadamente, no son los únicos culpables, compartimos una irresponsabilidad generalizada que venimos arrastrando por décadas, somos culpables de esta violencia, de este culto a la simulación y del maldito ninguneo que nos rodea, todo lo que sucede es producto de las generaciones que han habitado esta país, decía Octavio Paz: "Todos los siglos son este presente", y este presente no me agrada, más bien, me exaspera en todo momento; me duele ver que la Constitución se pisotea, que exista una política de Estado que institucionaliza la discriminación y cercena la equidad de género en ciudad Juárez, pero me duele ver más que haya una sorda indiferencia por cambiar esa realidad; me duele la inseguridad y el crimen organizado que se encarga de cooptar a jóvenes pobres y necesitados, que los recluta al puro estilo hitleriano para su causa, la del culto a la ilegalidad y el amor por el suicidio, que incluye la venta de su dignidad a seres sin conciencia, a personas que han decidido salir del contrato social para entrar a un mero estado de bestialismo y devolucionar en criaturas primitivas que juegan a la ley del más fuerte, a cansar a los poderes del estado; pero lo más triste, a debilitar a una "sociedad cansada" de violencia, a desmoronar la poca confianza que nos queda en el prójimo, a perdernos la esperanza entre nosotros; y claro que nos duele, como maestros, nos duele hasta el alma escuchar, incluso de pseudoprofesores, que es mejor saber tranzar que seguir el derecho, porque hacerlo significa ser lo bastante ingenuo para creer que éste se cumplirá como se debe; maldita sea la letanía absurda del que no tranza no avanza. Si esa es su concepción de país, que se larguen a otra parte, porque México no merece eso, o más bien, la mayoría de la gente que creemos en nuestra Constitución y en el respeto a los derechos y libertades fundamentales no compartimos que esa clase de filosofía barata deba seguirse en la nación que visualizamos para nuestras futuras generaciones.
Este año tan especial para todos los mexicanos, de festejo patriótico dual, donde recordamos a los héroes nacionales nos tocará a las nuevas generaciones definirnos como nación, quienes somos y hacia donde queremos ir, que proyecto de país deseamos y sobre que bases debemos construir nuestro futuro. Propongo transitar ese puente de integración cultural de manera pacífica, una profunda transformación cultural. Porque podremos comprar miles de tanques y bazucas para acabar con los "malos" que el día de hoy se apoderan de las calles y amenazan nuestra seguridad, pero el fantasma nos seguirá persiguiendo a donde quiera que vayamos, no será suficiente mientras siga existiendo el círculo vicioso y peligroso de reproducción de pobreza, hambre, exclusión social, extorsiones, clientelismos; la mejor medicina es la cultura. Ayudémos a definirnos a nosotros mismos día a día, respetando la Constitución como pacto social de los mexicanos, los derechos fundamentales como factor de integración cultural frente a todos los poderes: públicos y privados; a los derechos sociales como auténticos derechos y no como quimeras o privilegios de unos cuantos y obligatorios para el Estado, con la ayuda de los poderes resbaladizos del mercado que invocan la bandera del libre flujo de capitales para incumplir con ellos y convertir al individuo en un mero instrumento del capital económico, porque no hay cultura sin educación, no hay educación con hambre. El respeto a los derechos fundamentales es una buena solución a esta hecatombe. Porque el día de hoy el mundo está enfermo, le duele México. Creo que a todos nos duele, y hoy más que nunca, le sentimos profundamente.
domingo, 21 de marzo de 2010
viernes, 12 de marzo de 2010
Dí: "no a la censura"